Experiencia pedagógica colaborativa
"Mi Primer Restaurante":
aprender jugando en serio
Los niños y niñas del nivel Medio Mayor de Pujllay se convirtieron en chefs, garzones y comensales junto a estudiantes de Gastronomía del Colegio Nuestra Señora de Andacollo, en una experiencia que demuestra que el juego y la colaboración son las mejores aulas posibles.
Hay algo que ocurre cuando un niño de tres años, lava sus manos con la seriedad de quien realiza un oficio importante, y comienza a preparar algo para otro. Algo se activa: la concentración, el orgullo, el cuidado. Eso fue exactamente lo que vivieron los párvulos del nivel Medio Mayor de Jardín Pujllay durante la experiencia "Mi Primer Restaurante", una jornada pedagógica que reunió a los más pequeños del jardín con estudiantes y docentes de la especialidad de Gastronomía del Colegio Nuestra Señora de Andacollo.
Lo que desde afuera podría verse como una tarde de juego libre fue, en realidad, una experiencia cuidadosamente diseñada: un espacio de aprendizaje compartido donde los roles, los tiempos y los materiales estuvieron al servicio del desarrollo integral de cada niño y niña que participó.
La jornada se organizó en distintas estaciones lúdicas y de exploración, cada una con un propósito pedagógico claro. Los niños y niñas rotaron por ellas acompañados por los estudiantes de gastronomía, quienes actuaron como guías, modelos y compañeros de exploración a la vez.
La jornada culminó con la representación del restaurante en pleno funcionamiento. Fue el momento más esperado y, sin duda, el más revelador. Los niños y niñas asumieron sus roles con una naturalidad que solo es posible cuando la preparación ha sido genuina: chefs concentrados en sus preparaciones, garzones atentos a sus mesas, comensales exigentes y curiosos.
Interactuaron con los estudiantes de gastronomía del colegio, con las docentes y con el equipo educativo del nivel, en un espacio donde las diferencias de edad y de rol no fueron obstáculos, sino exactamente el punto: aprender del otro, con el otro, gracias al otro.
Las competencias que los niños y niñas desarrollaron durante "Mi Primer Restaurante" no son menores ni accesorias. Son algunas de las más importantes que puede cultivar la educación inicial:
Ninguna de estas competencias se enseña con una instrucción directa. Todas se cultivan en experiencias como esta: situaciones reales —o realistas—, con consecuencias genuinas, en las que el niño o la niña debe tomar decisiones, adaptarse, cuidar y ser cuidado.
Cuando un párvulo de Pujllay sirve con atención a un "cliente" que es en realidad una estudiante de enseñanza media, está practicando algo profundo: reconocer al otro como un ser legítimo, diferente, que merece su mejor esfuerzo. Eso es alteridad, no como concepto, sino como práctica viva.
Esta actividad fue priorizada en el Plan de Mejoramiento Educativo (PME) del jardín y responde directamente al sello "Juego y Diversidad": promueve aprendizaje significativo situado en experiencias concretas, trabajo colaborativo intergeneracional e intercurricular, y prácticas de alteridad que fortalecen la convivencia y la empatía como base de la vida en comunidad.
La alianza con el Colegio Nuestra Señora de Andacollo no es circunstancial. Es un ejemplo de lo que puede ocurrir cuando una comunidad educativa decide abrirse a otras comunidades y construir experiencias que benefician a todos sus participantes: los párvulos que exploraron un mundo nuevo, los jóvenes estudiantes que practicaron su especialidad enseñando, y los docentes de ambas instituciones que vieron concretarse algo difícil de planificar en papel: el aprendizaje auténtico.
En Pujllay, el restaurante ya cerró. Pero lo que esos niños y niñas vivieron, sintieron y aprendieron ese día, eso no tiene fecha de cierre.




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